¿De qué tenemos miedo?

¿De qué tenemos miedo?

¿De qué tenemos miedo?

Hace unas semanas comíamos con mis padres y mis tíos y en la sobremesa surgió una conversación que nunca antes habíamos tenido. Hay historias familiares que no te cuentan cuando eres pequeña porque piensan que no las vas a entender. Quizá también porque ellos se han ido enterando pasados los años. Según mi padre, en su casa siempre intentaron mantenerlos al margen por seguridad. Si no sabían nada no se podían ir de la lengua.

En esa sobremesa nos contaron cómo mi abuelo paterno se jugaba el tipo saliendo por las noches a reuniones del partido socialista que entonces estaba en la clandestinidad. Como los obreros de la fábrica de conservas en la que trabajaba eran una piña y si uno caía enfermo, como no había nada parecido a una baja laboral los demás ayudaban para que esa familia siguiera comiendo. También me contaron como mi abuelo por la noche, después del trabajo, se iba a pasar el bote para los mineros de Asturias. Un murciano que apenas tenía para darle de comer a sus hijos se rascaba el bolsillo y se jugaba el pellejo yendo de casa en casa con el bote para mandarlo a la caja de resistencia de los mineros asturianos.

Toda esa gente como mi abuelo, desde los de las capitales de los que hablan los libros de historia hasta los obreros más insignificantes de un pueblo de Murcia lucharon para que nosotros tuviéramos lo que tenemos. Así que me parece una absoluta vergüenza la actitud de tanta gente a la que han convencido de que luchar no vale para nada. De que es mejor ir solo y pensar en uno mismo. Porque nadie piensa en ti. Porque nos han metido el individualismo y la desmovilización por las venas desde bien pequeñitos. Por eso no entiendo que los docentes tengamos miedo de luchar por una educación pública de calidad, para todos. Que no reclamemos lo que es nuestro, de todos los ciudadanos y que no respetemos el mandato que asumimos como funcionarios. Proteger y luchar por los servicios públicos es nuestro deber. Para que sean el sustento del estado de bienestar.

Estimados docentes, no entiendo de qué tenemos miedo. No entiendo qué es lo que tememos que no hemos organizado ya la protesta en los centros. No entiendo que no hayamos dicho nada la mayoría de nosotros en los claustros cuando nos han expuestos protocolos imposibles. Ni cuando nos han dicho a algunos que nos compráramos nosotros las mascarillas, que retransmitiéramos nuestras clases en streaming. Que hiciéramos turno doble para atender a los presenciales y el online. Y sobre todo, no entiendo cómo vamos a consentir que metan a 20 chavales en una sala de 30 metros cuadrados donde no se puede abrir más que una pequeña ventana batiente. O en salas donde a duras penas hay 75cm de separación entre mesas después de haber sacado todo el material y mobiliario. No entiendo que consintamos que le digan a compañeros con patologías que aumentan muchísimo sus probabilidades de morir o tener complicaciones si pillan el virus que vayan a trabajar con una mascarilla FFP2 y procuren no morirse. No lo entiendo. ¿Qué es lo que tememos? ¿Qué nuestro equipo directivo “se enfade”? ¿Qué inspección venga a pedirnos papeles (los cuales tenemos que tener sí o sí)? ¿Qué nos den los grupos más movidos con los peores horarios? ¿Ese es todo el drama? Perdonad que os diga pero si esto es lo que tememos los docentes nos merecemos todo lo que nos pase.

Los derechos de los que disfrutamos se han conseguido gracias a mucha gente que se jugó el tipo por nosotros. Si mi abuelo levantara la cabeza nos corría a alpargatazos. Por respeto a todos los que lucharon por nosotros DEFENDAMOS EL DERECHO A LA EDUCACIÓN PARA TODOS NUESTROS ALUMNOS.