Respeto, dignidad y educación.

Respeto, dignidad y educación.

Educación

La semana pasada me contaba un amigo que llevaba varios meses esperando una operación de rodilla. Cuando por fin recibió la llamada en la que lo citaban para comenzar con todo el procedimiento no cabía en sí de júbilo, aunque la ilusión le duró poco tiempo.
Lo primero que le escamó es que le dijeran que, a pesar de que sus análisis indicaban que no era el momento más adecuado para operarle, insistían en hacerlo. “Usted ya tendrá ganas de salir por ahí y de hacer vida normal, ¿verdad?”. 
Aunque no terminaba de verlo claro, mi amigo aceptó. Más tarde, le dijeron que la operación, para tener garantías de éxito, necesitaba de la intervención de dos cirujanos, pero que en estos momentos no podía ser, que no había dinero, así que uno solo se haría cargo de todo. Esto ya le mosqueó un poco más, porque ¿cómo iba a hacer un solo profesional un trabajo para el que se necesitan dos personas? 
Resignado, respondió que bueno, que adelante, no sin antes preguntar si el fisioterapeuta le acompañaría en su proceso de rehabilitación. La respuesta no pudo sino hacer que mi amigo saliera corriendo de aquel despacho sin mirar atrás, pues le contestaron que dado que el fisioterapeuta no tenía ni espacio ni tiempo para atender a todo el mundo, a él le había tocado hacer la rehabilitación a través de vídeos, a los que podría responder por el mismo medio, o incluso con fotografías, para que el fisio evaluase sus progresos.  
Esta historia, que contada así nos hace llevarnos las manos a la cabeza y pensar que está sacada de una broma de cámara oculta, es exactamente lo que está pasando con la Educación en este país y más concretamente, en nuestra Región. 
Tenemos los contagios y las cifras de hospitalizados disparados desde hace semanas, diversas voces autorizadas como la OMS y la Universidad de Harvard advierten de que con estos niveles, es más que peligroso llevar a cabo una vuelta a las aulas, pero nuestros gobernantes nos siguen vistiendo de ilusión y mentiras su falta de previsión y carencia total de interés por organizar una vuelta segura.
Sabemos que una de las claves de que esta vuelta se realice con unas mínimas garantías de seguridad pasa por reducir las ratios – que no los aforos – y que para ello es necesario contratar más docentes. Sin embargo, nuestros gobernantes se cierran en banda, argumentando que no hay dinero y que pedimos un imposible. Y para tratar de contentarnos, se inventan ese concepto de “semipresencialidad”, que no es más que un parche, un apaño que consiste en negar a nuestros alumnos no solo la asistencia a las aulas, sino también la enseñanza en determinadas áreas. ¿Qué ocurrirá con los niños que, en virtud de la semipresencialidad, no acudan a clase el día de Música, de Plástica o de Francés? Estas asignaturas, tal y como están configuradas, tienen asignada una única hora semanal. ¿Estará en igualdad de condiciones un niño que acude al centro escolar y recibe clases de Francés de manera presencial, que un niño que permanece en casa ese día y que no puede practicar destrezas como la expresión oral? ¿Dónde queda la igualdad de oportunidades y la equidad en la Educación que promulga nuestra LOMCE? 
Estamos en un momento clave de nuestra historia y de las decisiones que tomemos ahora va a depender el futuro, no ya de una generación, sino de la Educación como garante de una sociedad moderna y avanzada. Si nos resignamos a que esto son lentejas, va a ser muy difícil que algún día consigamos que la Educación, con mayúscula, sea tratada con el respeto y la dignidad que merece.